Grupo Criolani encara un ambicioso plan de expansión desde Rosario
Acaba de inaugurar una sede demás de 4 mil m2, destinada a la incorporación de dos nuevas unidades de negocio, de la mano de las firmas extranjeras JCB y Bauer
Gerardo Criolani encabeza el corte de cintas de la nueva sucursal del grupo en Rosario.
El concesionario de maquinaria agrícola, Grupo Criolani, cortó cintas el pasado miércoles 4 de febrero en su flamante local en el centro logístico, Depot Center, emplazado en Circunvalación y la autopista Rosario–Buenos Aires. Se trata de un espacio de más de 4.000 m2 exclusivos en el que exhibirá su catálogo de máquinas para trabajo vial marca JCB y equipamiento para riego y tratamiento de efluentes de la firma Bauer, ambas extranjeras. Con esta apertura, la empresa oriunda de Totoras apunta a consolidarse en la ciudad y desarrollar allí su centro operativo para expandirse en la región.
La sede de Depot Center cumplirá un rol estratégico en la diversificación de la cartera de productos de Criolani. Fue necesario dar un salto de escala para expandirse hacia una superficie que permita trabajar con comodidad en los próximos años. Además de esta apertura, la empresa tiene otras cinco sucursales, emplazadas en Totoras, Marcos Juárez, Venado Tuerto, Victoria y Gualeguaychú.
Salto exponencial
De este modo, la nueva sucursal de Criolani será la base física para un plan de expansión que contempla un crecimiento progresivo del 400% en sus ventas hacia 2030 y una ampliación de su planta de personal. En particular, espera duplicar las operaciones de maquinaria JCB en los próximos cinco años, apuntando principalmente a consolidar su cuota de mercado en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. En lo que respecta a Bauer, los equipos para tratamiento de aguas de descarte y los sistemas de riego para cultivos y producción ganadera intensiva permitirán alcanzar clientes en todo el país.
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Frente del nuevo espacio del grupo empresario, dentro del Depot Center en la zona sur de la ciudad.
Foto: Marcelo Bustamante / La Capital.
Además, se aprovechará la infraestructura para brindar servicio de posventa y talleres de mantenimiento y reparaciones, así como venta de repuestos y gestión administrativa para procesos de patentamiento, transferencia y documentación de las maquinarias que se comercialicen.
Tras el acto del miércoles, el nuevo local quedó completamente operativo, lo que marca el punto de inicio de una nueva etapa para la firma que comenzó como un emprendimiento personal y evolucionó a un negocio familiar de alta proyección a nivel regional y nacional. Actualmente, el grupo concreta en promedio unas 35 operaciones de venta mensuales, resultado de la comercialización de maquinaria agrícola, maquinaria vial y equipamiento de riego, un número más que significativo si se considera que ninguno se caracteriza por volúmenes masivos como ocurre en otros rubros.
La visión de Alfredo Criolani
El primero de julio de 1965, Alfredo Criolani comenzó por su cuenta la comercialización de implementos agrícolas Mainero, Gherardi y Pampeano en la localidad santafesina de Totoras. “Empezó viendo una oportunidad en medio de la desgracia de quedarse sin trabajo”, relató a Negocios Gerardo Criolani, hijo de Alfredo, quien se incorporó a la firma en 1982. “La empresa en la que se desempeñaba cerró sus puertas y, lo que para otro pudo haber sido un motivo de tristeza, para él fue la posibilidad de arrancar con el sueño de tener su propia empresa. Era una persona que trabajaba día y noche para sobrevivir junto a su esposa y conmigo, que en ese momento tenía sólo un año”, agregó.
A partir de 1985, comenzó la comercialización de maquinaria autopropulsada, específicamente con la venta de cosechadoras. Esto transformó profundamente la estructura y las capacidades de la empresa. Para 1990, ya contaban con un local comercial de 6000 metros cuadrados en Totoras y, a lo largo de esa década y la siguiente, continuaron incorporando marcas al catálogo.
En 2014, empezaron a sumarse los hijos de Gerardo, la tercera generación, a la gestión del negocio. El primero fue Matías, quien se encuentra desarrollando el segmento de venta de implementos y maquinaria agrícola. Luego llegó Germán, encargado del centro de servicios administrativos para todas las unidades de negocio. Por último, Gabriel quedó a cargo del desarrollo de la marca Bauer a nivel nacional.
En 2017, Alfredo falleció. Sin embargo, su hijo y sus nietos mantuvieron vivo su legado y conservan hasta el presente la impronta y cercanía de un sello familiar. “Estamos cambiando y digitalizando prácticamente todo; no habrá más documentación en papel, sino programas que permiten seguir los procesos. Toda esa mejora la van trayendo los jóvenes”, indicó Gerardo.
La maquinaria sigue pisando fuerte
La venta de maquinaria agropecuaria es la vertical que la marca sostiene desde 1985. Actualmente, cuenta con cinco bocas comerciales y la representación de las marcas Crucianelli, Case IH, Mainero y MacDon. En todos sus locales se ofrece servicio de reparación y mantenimiento, además de la venta de repuestos e implementos como neumáticos Michelin y GRI, y lubricantes Petronas Akcela.
Uno de los mayores desafíos del sector es la revolución tecnológica. En la última década, las unidades incorporaron pilotos automáticos, sensores, cámaras e inteligencia artificial. Según explicó Criolani, hoy un equipo se regula casi por completo de manera autónoma y las fallas se detectan con una computadora conectada a la unidad.
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Gerardo Criolani ingresando a las instalaciones que exhibirán los nuevos equipos marca JCB y Baue.
Foto: Marcelo Bustamante / La Capital.
“Antes, un mecánico necesitaba una caja con herramientas manuales; ahora lo primero es una PC con una interfaz para hacer el diagnóstico. Por su parte, el productor llega informado por tutoriales de todo el mundo y ya no necesita que le expliquemos qué funciones tiene la máquina que va a comprar”, describió el empresario. Ese cambio obligó a reconvertir la capacitación del personal y a profesionalizar procesos.
Por otro lado, el negocio de la maquinaria está íntimamente ligado a la coyuntura. De acuerdo con el actual director del concesionario, durante años las tasas de interés negativas y la inflación elevada impulsaron el endeudamiento como estrategia de compra. Sin embargo, el cambio macroeconómico del último tiempo modificó las reglas.
“Venimos de veinte años de otro formato. Hoy hay tasas positivas sobre la inflación y se necesita más capital de trabajo. Cuesta adaptarse, pero creo que es el camino correcto, similar al de países vecinos”, analizó Criolani. Pese a la transición, el empresario se mostró optimista y subrayó que la demanda se sostiene gracias a la necesidad de modernización del parque.
Cabe destacar que el grupo tiene un plan de expansión para su vertical de comercialización de maquinaria, el cual prevé la apertura de una boca de venta cada dos años. En este marco, el empresario adelantó que se espera una nueva inauguración para el año próximo. Aunque no confirmó en qué localidad sería, sí explicó que tienen la mira puesta en el interior del país, para evitar competir en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Nos sentimos más cómodos en nuestro mercado”, afirmó.
jcb
CRIOLANI JCB es una de las nuevas unidades de negocio que hacen pie en Rosario.
Foto: Marcelo Bustamante / La Capital.
Además, indicó que esta estrategia responde a la exigencia de los proveedores: “Las marcas que representamos están orientadas a quedarse con cada vez menos distribuidores y de mayor capacidad. Nosotros queremos estar dentro de los que permanezcan. Para eso hay que prepararse financieramente, contar con buenos recursos humanos y capacitarnos. Si bien esto lo hicimos durante muchos años, siempre hay que evolucionar con las tecnologías y los procesos”.
Plaza estratégica
A pocos días de haber estrenado el nuevo local en Rosario, Criolani miró hacia atrás y resumió el sentimiento familiar: “Es un orgullo ver que se mantienen los pilares que son responsabilidad, trato personal y dar la cara ante los problemas. Transmitir eso a mis hijos es mi función principal”.
Desde sus orígenes como comercializadora de implementos agropecuarios, la firma atravesó un extenso proceso de transformación y expansión. El primer arribo a Rosario se produjo en 2021, con una sucursal ubicada en Circunvalación y Uriburu. Desde aquel primer momento, el objetivo fue hacerse fuerte en la distribución de JCB. En 2024, se sumó la marca Bauer y terminó por consolidarse la plaza rosarina como el principal centro operacional del concesionario.
“El desarrollo de una marca relacionada con la construcción teníamos que hacerlo desde una gran ciudad. Ahora estamos concentrando allí la mayor parte de nuestras actividades financieras y, seguramente, irán llegando a nuestra sucursal de Rosario muchas más”, anticipó el empresario.
Con 60 años de historia y una tercera generación ya plenamente incorporada, Criolani apuesta a que la ciudad sea la plataforma desde la cual consolidar su presencia nacional, diversificar negocios y acompañar la transformación del agro y la obra vial en Argentina. El desafío recién comienza, pero la visión, como en 1965, sigue siendo la misma: trabajo, cercanía y mirada de largo plazo.
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