El ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, volvió a escena y expresó su punto de vista sobre el nuevo acuerdo de Argentina con Fondo Monetario Internacional (FMI) y realizó un análisis sobre la política económica nacional, el mismo día que hace 34 años atrás ponía en marcha la Ley de Convertibilidad.
En un texto publicado en su blog personal, Cavallo advirtió “el financiamiento del FMI no puede sustituir el esfuerzo que Argentina debe hacer para asegurar el equilibrio de las cuentas externas y conseguir que la estabilidad cambiaria permita consolidar el proceso de desinflación".
"Pensar en el uso de las reservas externas conseguidas a través de los organismos financieros internacionales para intervenir en el mercado cambiario e inducir o mantener una apreciación exagerada del peso (también llamado vulgarmente “atraso cambiario”) es contraproducente y puede significar el fracaso del proceso de desinflación", sostuvo el padre de la Convertibilidad.
El ex ministro de Economía explicó que "la simple continuidad del manejo cambiario y el uso de reservas que pertenecen a los depositantes de dólares en el sistema bancario para intervenir tanto en el mercado cambiario oficial como en los mercados pseudo libres (CCL y MEP) no conduce a consolidar el clima de desinflación".
Cavallo recordó que Milei siempre menciona que en algún momento se debe salir del cepo y que el sistema monetario debe ser de competencia de monedas pero advirtió que “el funcionamiento actual del sistema monetario y cambiario está todavía lejos de ese ideal”.
“Hay multiplicidad de mercados y ninguno es completamente libre. Los mercados CCL y MEP enfrentan tantas restricciones como el mercado oficial y el Banco Central interviene en todos ellos utilizando reservas. Argumentar que se pasará del actual sistema a un mercado único y libre de cambios sin ningún sobresalto cambiario y con el tipo de cambio oficial ajustándose al 1 % mensual para llegar a un tipo de cambio unificado y fijo puede tener el efecto no deseado de generar desconfianza", puntualizó.
El paradigma del tipo de cambio fijo
Advirtió que "en la transición es inconducente razonar con el paradigma del tipo de cambio fijo" y explicó: "En los planes de estabilización exitosos, verbigracia el plan de Convertibilidad, el tipo de cambio que se fijó ya era un tipo de cambio único y los mecanismos de diferenciación cambiario que existían (retenciones a las exportaciones y elevados y variables aranceles de importación) se eliminaron de cuajo al inicio mismo del plan de estabilización. Además, existía completa libertad para el movimiento de capitales, asegurada precisamente por la regla de convertibilidad que obligaba a que cualquier emisión de pesos estuviera respaldada por entrada de reservas al Banco Central".
Cavallo apuntó que “fue precisamente esta característica del plan de convertibilidad que permitió que la fijación del tipo de cambio, además de ayudar al cambio de expectativas y a quebrar la inercia inflacionaria, indujera una fuerte entrada de dólares a la economía formal, ya sea como depósitos en dólares en el sistema financiero o como canje de dólares por pesos emitidos por el Banco Central".
En ese sentido, subrayó que “la diferencia con el control del tipo de cambio que acompañó al plan de estabilización de Milei-Caputo-Bausili es que para sostenerse requirió y sigue requiriendo uso de reservas escasas del Banco Central y se basa en el sostenimiento de un tipo de cambio que no es único ni libre. Este control del tipo de cambio es conceptualmente un tipo de fijación blanda (tablita cambiaria) que pretende terminar en una fijación dura, pero que no tiene mecanismos que aseguren que cuando se logre esa fijación, el tipo de cambio será único e inducirá entradas netas de capitales (y no salidas como las que vienen ocurriendo desde el segundo semestre de 2024, acentuadas en el primer trimestre de 2025)".
Las reservas del BCRA
"Por supuesto que, si se logra unificar el mercado cambiario y permitir el libre movimiento de capitales, es decir si se consigue que tanto el peso como el dólar se transformen en monedas libremente convertibles, la fijación del tipo de cambio que no sólo actúe como ancla del sistema de precios nominales, sino que induzca la entrada neta de capitales para acumular reservas, se habrá logrado consolidar el proceso de desinflación. Pero no se llegará a esta situación si se pregona que cualquier salto cambiario pondrá en marcha un proceso hiperinflacionario como parecen creer en el equipo económico", detalló.
¿Cuál es el camino?, según Cavallo ¿Tipo de cambio fijo o flotación a la peruana? "Esta es una decisión que el gobierno deberá tomar cuando llegue el momento de la unificación y liberalización del mercado cambiario y comience a funcionar la competencia de monedas", indicó al tiempo que consideró que si bien “no es necesario que se anticipe ahora”, dijo que "tendrá que diseñarse un sistema que, como la convertibilidad de los 90, asegure la sostenibilidad del tipo de cambio fijo”.
“Si para el comienzo del mercado único y libre ya no existe inercia inflacionaria, lo más conveniente probablemente será ir a una flotación a la peruana. La ventaja de este tipo de flotación es que permite cierta flexibilidad cambiaria como para atenuar el efecto de shocks externos, pero requiere que el Banco Central tenga reservas como para evitar las fluctuaciones cambiarias que corran el riesgo de espiralizarse. Además, la política monetaria del Banco Central deberá utilizar como instrumentos los encajes bancarios diferenciales y las operaciones de mercado abierto, tanto con bonos en pesos como con bonos en dólares para inducir tasas de interés que ayuden a preservar la estabilidad cambiaria en un sentido tendencial", propuso. El tiempo dirá que camino sigue el gobierno nacional.
Un poco de historia: Convertibilidad y después
La hiperinflación de 1989, la del verano de 1990 y la incertidumbre monetaria y cambiaria de esos días fueron la antesala del Plan de Convertibilidad. En 1991 asumió Domingo Cavallo y llegaba al Palacio de Hacienda con un propósito. Para suavizar los efectos de las reformas, el 1º de abril de 1991 se implementó el Plan de Convertibilidad con el que el ministro de Economía esperaba domar la inflación y darle estabilidad a la economía, con una fórmula llamada de “uno a uno” de paridad cambiaria entre el peso y el dólar, reseña un artículo periodístico publicado en La Capital en el marco del 30º aniversario de la puesta en marcha de Plan de Convertibilidad.
El candidato Carlos Menem ganó las elecciones adelantadas de 1989 y cuando asumió la presidencia de la Nación dejó de lado las históricas políticas del peronismo que lo había llevado al poder. La "revolución productiva" y "el salariazo" quedaron para la campaña electoral y gracias a una alianza con los sectores más conservadores y retrógrados de la política argentina, y con el capital concentrado, implementó un plan económico neoliberal de nefastas consecuencias.
Para 1995 y debido a la Crisis del Tequila, los indicadores económicos se mostraron más que nerviosos, y en mayo de ese año la desocupación creció hasta 18,5% acompañada por un fuerte déficit fiscal y comercial. Eso generó más privatizaciones de empresas públicas (ya se habían vendido por ejemplo Aerolíneas Argentinas y la vieja Empresa Nacional de Telecomunicaciones, Entel), más apertura comercial y financiera, más desregulación y endeudamiento externo.
Con el efecto Caipirinha de 1999 la situación se salió de control y la economía debía dejar la Convertibilidad para volver a crecer. Pero el candidato radical Fernando de la Rúa aseguró que la paridad entre el dólar y el peso seguiría y con ese discurso ganó las elecciones. La crisis del 2001 dejó a la vista el fracaso del gobierno de la Alianza y de las políticas neoliberales aplicadas por Carlos Menem.