“La reducción de la tasa de pobreza que informó el Indec viene con muchos asteriscos”. Así lo aseguró el último informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ipypp), que conduce Claudio Lozano. Su conclusión es compartida por otros centros de estudio, como el Centro de Economía Política Argentina (Cepa), que pusieron bajo la lupa el contraste que presenta el dato conocido el lunes con los indicadores de caída del ingreso, el salario y el consumo.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó el primer día de semana que la tasa de pobreza bajó del 52,9 % al 38,1 % en el segundo semestre de 2024. También reportó una significativa baja de la indigencia, de 18,1 % a 8,2 %.
Este descenso se extiende a la comparación con el segundo semestre del 2023. Sin embargo, el informe del centro de estudios que conduce el economista Claudio Lozano aclara que “el descenso interanual de la pobreza se explica en parte porque se está comparando con un período que ya se encuentra afectado por las primeras medidas de Milei”, indica. Es que, en el cuarto trimestre de ese año, la pobreza se disparó principalmente por el plan económico impulsado por Luis Caputo.
La canasta
El primer punto que observa el Ipypp es el metodológico, ya que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) “presenta dificultades para reflejar ingresos reales en contextos inflacionarios”. Por un lado, porque los ingresos relevados “llegan con retraso respecto a los precios, especialmente en trabajadores independientes e informales y jubilaciones”. Y, por otro, porque la canasta básica lleva casi 20 años sin actualización profunda, subestimando gastos esenciales, como los de vivienda, servicios y transporte.
El estudio del Cepa también hace hincapié en esa problemática metodológica: “La subestimación de los servicios en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho) impactó en la medición de la pobreza: el peso de lo no alimentario, en particular los servicios y el transporte, en la estructura de consumo de los hogares está muy por debajo de su peso real actual”, señala. Como consecuencia, una mayor cantidad de hogares aparece por encima de la línea de pobreza, incluso cuando sus ingresos no han tenido un crecimiento significativo en términos reales.
Con esta reserva metodológica, los economistas se adentraron en los factores que explican la evolución de la tasa de pobreza. Para el Ipypp, hubo una recuperación tras el shock inflacionario de diciembre 2023, que de todos modos desde mediados de 2024 alcanzó un techo. “El salario registrado recuperó lo perdido hasta noviembre 2023, pero quedó contenido desde entonces; jubilaciones, pensiones y AUH mejoraron inicialmente, pero el congelamiento posterior hizo retroceder nuevamente el poder adquisitivo, mientras que el sector informal ni siquiera logró recuperarse completamente”, apunta el trabajo.
También explica que, frente a la caída de empleos formales (178 mil en 2024), los hogares argentinos “no esperaron pasivamente la pérdida de calidad de vida”, sino que respondieron “buscando segundas ocupaciones (pluriempleo), adelantando la entrada al mercado laboral (jóvenes y estudiantes) o alargando las jornadas laborales”. Eso se refleja en el crecimiento de la tasa de actividad (0,6 punto) más que la creación real de empleo.
Menos pobres con menos consumo
La gran paradoja que observa el Ipypp es que “aunque las cifras oficiales muestran menos pobreza, el consumo de alimentos básicos cayó a niveles históricos”. En el caso de la leche, es el más bajo de los últimos 34 años y en el de la carne vacuna, en tres décadas.
Para obtener una visión más precisa de la evolución del poder adquisitivo y la pobreza, el instituto propone analizar aproximaciones del consumo masivo, como las ventas en supermercados medidas por el Indec y las ventas minoristas reportadas por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came). “Al evaluar mensualmente estos indicadores es posible inferir la evolución del poder adquisitivo de la población, utilizando una elasticidad que relacione el poder de compra con la evolución histórica de la pobreza”, describe.
La otra tasa
Según esta proyección presentada, la tasa de pobreza estaría más cercana al 46,8 %, lo cual “implica un descenso respecto del pico que significó el shock de empobrecimiento abrupto de la devaluación pero todavía por encima del último trimestre del año anterior en aproximadamente 3 puntos”.
De cara a los datos del primer semestre de 2025, el Cepa aclara que en febrero los precios experimentaron una aceleración con respecto a enero y que los datos disponibles de consultoras privadas anticipan una nueva aceleración. “El gran interrogante del primer semestre de 2025 es si la apreciación cambiaria se sostiene, ya que si el gobierno se ve obligado a devaluar los precios subirían de manera abrupta” y los ingresos “quedarían rezagados frente al costo de vida, lo que podría generar un nuevo salto en los niveles de pobreza e indigencia”.