Entre los gestos y los hechos, El Vaticano opulento medieval no se inmuta sólo ante los gestos. Entre señales de austeridad y renovación Francisco se desliza rodeado de mármoles de un Vaticano milenario y opulento. Mientras algunos buscan renovar a la imperturbable y milenaria institución, otros sacerdotes y laicos impulsan el llamado a un tercer Concilio Vaticano y descreen en el cambio posible en la estructura de la Iglesia.
"Roma es una monarquía autodenominada sagrada, dicen que viene de Dios. La cosa está muy armada y complicada para transformarla", advierte Nicolás Alessio, presbítero separado de la curia cordobesa en 2010 por apoyar la ley de matrimonio igualitario.
Desde Capitán Bermúdez, Salvador Yaco, cura a cargo de la parroquia Santa Catalina, afirma que "la cuestión es estructural, no me imagino a Jesús en ese lugar, con ejército y lujos. El pastor no puede ser un privilegiado".
Alessio advierte: "Los gestos simpáticos son sólo gestos. Con romper el protocolo y no vestir ropa imperial no alcanza". Tras ser separado de la Iglesia cuando comenzó su tarea hace 26 años en la barriada de Altamira, sudeste de la capital cordobesa, señalaba que "la jerarquía eclesiástica se ha fosilizado".
"Como gesto —agrega—, también el Papa podría levantar la censura a los cientos de teólogos del Tercer Mundo que fueron sancionados por pensar distinto. O podría dejar a un auxiliar en el Vaticano y oficiar desde un templo del Tercer Mundo. Primatesta era austero, sencillo, no gustaba de los protocolos ni la pompa, pero era conservador y defendía la obediencia romana. Fue cómplice de la dictadura para salvar el poder de la Iglesia".
Sobre la visita y apoyo de Adolfo Pérez Esquivel, Nobel de la Paz 1980, al nuevo Papa, indicó que "Bergoglio no ha tenido la complicidad de sacerdotes como Tortolo y Bonamín, no hablaba a favor de la dictadura en las misas. Además, Esquivel siempre fue un hombre de la Iglesia y creo que, al igual que la presidenta, han ido a ponerlos de su lado, como diciéndole ahora que estás en Roma vas a tener que trabajar a favor de una serie de circunstancias. Como para marcarle la cancha", remara el teólogo del Grupo Angelelli.
Cuando Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires calificaba a la lucha contra el matrimonio gay como una "guerra de Dios". Alessio calificó ese pensamiento como "una barbaridad medieval e inaceptable".
Pero Alessio, comprometido con la problemática del acceso a la vivienda y la tierra, asegura que "los grupos de base viven una fe distinta y sin aprietes de los cánones. La esperanza no nace del Vaticano o el papado, sólo surge desde el Evangelio", sostiene el cura cordobés.
“Desde el pueblo”
“No tengo expectativa en el nuevo papado. Puede acariciar enfermos, ser reformista e intentar una apertura al mundo. Pero hay que volver a Cristo, meterse en el pueblo y ser un pastor que trabaje contra la opresión y por la liberación, para que los patrones no exploten al trabajador y se respete el derecho a la vida, el trabajo, la salud, la vivienda”, dice el cura de la zona sur que predica hace 25 años en Bermúdez.