La Corte Suprema de Corea del Sur destituyó al presidente Yoon Suk Yeol, poniendo fin a meses de incertidumbre y disputas legales después de que declarara brevemente la ley marcial en diciembre y sumiera a la nación en una agitación política.
Yoon Suk Yeol fue acusado de intentar cerrar la Asamblea Nacional. El país atravesó una agitación política con meses de incertidumbre y disputas legales
Festejos de opositores ante el anuncio de la remoción del presidente surcoreano.
La Corte Suprema de Corea del Sur destituyó al presidente Yoon Suk Yeol, poniendo fin a meses de incertidumbre y disputas legales después de que declarara brevemente la ley marcial en diciembre y sumiera a la nación en una agitación política.
La decisión del tribunal se conoció este viernes en Corea del Sur y marca la destitución formal de Yoon de la presidencia después de que el Parlamento votara para destituirlo en diciembre, aliviando a muchos legisladores que temían que pudiera intentar imponer la ley marcial nuevamente si fuera reinstalado.
Yoon fue arrestado en enero acusado de liderar una insurrección y fue liberado en marzo, después de que un tribunal cancelara su detención, aunque no retiró los cargos en su contra.
Los ocho jueces del Tribunal Constitucional fallaron unánimemente a favor de remover a Yoon. La decisión fue recibida con festejos de sus opositores y protestas de sus seguidores.
La cuestión fue enormemente divisiva en el país, con grandes multitudes tomando las calles tanto a favor como en contra de su destitución. La Policía aumentó la seguridad en la capital antes del veredicto, estableciendo barreras y puntos de control, y advirtiendo que no permitiría actos violentos.
La destitución es el final de una notable caída en desgracia del exfiscal convertido en político, quien saltó a la fama por su papel en la remoción y encarcelamiento de otro presidente años atrás, lo mismo que ahora tuvo que sufrir en carne propia.
La acusación indicó que la ley marcial que impuso Yoon fue un intento ilegal de cerrar la Asamblea Nacional y arrestar a políticos y autoridades electorales. Yoon se defendió argumentando que su decreto estaba justificado por el estancamiento político y las amenazas de “fuerzas antiestatales” simpatizantes de Corea del Norte. Al final, su decreto solo duró seis horas y dio inicio a cuatro meses de desorden político.
El caos en el gobierno de Corea del Sur dejó a una importante economía global y aliado clave de Estados Unidos sin rumbo en un momento crítico en los asuntos mundiales, especialmente cuando la agenda “Estados Unidos Primero” del presidente Donald Trump trastoca décadas de normas de política exterior y desmantela el sistema comercial global.
De acuerdo con la ley surcoreana, se debe celebrar una elección general para elegir a un nuevo presidente dentro de los 60 días posteriores a la destitución de Yoon.
Yoon todavía tiene pendientes otros procedimientos legales, incluido su juicio por insurrección. Es uno de los pocos cargos criminales para los que un presidente no tiene inmunidad, y que puede resultar en una pena de cadena perpetua o muerte, aunque Corea del Sur lleva décadas sin realizar ejecuciones.
Por Patricia Martino
Por Matías Loja