El 7 de enero de este año, Daniela confió en un nuevo chofer para hacerse cargo del taxi que heredó de su padre, que estuvo al volante hasta meses antes de cumplir 80 años. Parecía una jornada normal y el nuevo conductor, Hernán, pasó por las llaves del vehículo para cumplir con su jornada laboral. 24 horas más tarde, Daniela no tenía novedades del trabajador y la cochera permanecía vacía. Una semana de desesperada búsqueda finalizó cuando hallaron la carcasa del Ford Fiesta Max. A casi tres meses del hecho que cambió su vida emerge un desesperado pedido por trabajar “de lo que sea”, confió a La Capital.
Daniela Masso es la titular de la chapa Nº 1.420. Una chapa sin auto desde aquel fatídico martes donde confió en un nuevo trabajador. Y una chapa que no puede ser utilizada como sustento del hogar que comparte con su hijo de 22 años, estudiante de tercer año de la carrera de Medicina, que esta semana sorprendió a su madre con su primera entrevista laboral para apoyar a la economía de la familia.
Fueron meses “terribles”, afirmó la mujer de 50 años. La educación financiera, también heredada de su padre Raúl, la permitió cubrir los gastos básicos en estos casi tres meses. Sin embargo, la situación no dio para más. Se presentó en oficinas gubernamentales para solicitar ayuda, pero se encontró con el escollo de la burocracia. “Todos mis ahorros se fueron y ese chico Hernán sigue libre, como si nada”, afirmó.
El caso de Daniela y su taxi invadió los medios en pleno enero. Mientras las temperaturas no daban tregua, la mujer puso el grito en el cielo para hallar su medio de vida. La Policía fue a la casa donde el chofer vivía con su madre, pero la mujer dio a entender que el hombre debía hacerse cargo de sus actos. La incansable búsqueda terminó cuando el vehículo apareció desmantelado en la zona norte. A partir de allí comenzó un camino sinuoso y complejo que hoy tiene a Daniela contra las cuerdas.
Ponerse de pie tras el duro golpe
Minutos antes del llamado de este diario, Daniela reconoció estar estudiando la posibilidad de dejar Rosario: “Me cansé. Lo único que busco es trabajar y no quiero que nadie me regale nada”.
Experiencia como administrativa, operaria y empleada de comercio llenan su currículum al que este diario accedió. De su boca balbuceante se cae “cualquier trabajo es más que bienvenido”, mientras pone en valor el accionar de su hijo que salió a buscar trabajo. “No quiero que deje de estudiar”, confió.
Con impuestos y servicios sobre los hombros, el día a día se tornó intransitable. Con mañanas con fuerzas y otras donde la realidad la abruma, Daniela parte de las calles de barrio Ludueña y se mueve por toda la ciudad buscando trabajo. Comenzar de cero con 50 años “no es tan fácil”, esgrimió, pero las ganas por “vivir dignamente y poder mantener el hogar” la empujan a seguir.
El taxi
El 7 de enero fue la última vez que vio al chofer. También será la última vez que tuvo su vehículo completo. “Si tuviera a Hernán enfrente me gustaría preguntarle por qué lo hizo”, reconoció.
El seguro contra terceros no cubría el robo que sufrió. Mucho menos el final trágico al que se enfrentó a partir del 15 de enero. El rodado desguazado “duerme” en la sede de Jefatura de la Unidad Regional II, en avenida Francia al 5200, y lo pudo ver sólo a mediados de marzo. Lo que se encontró fue contundente: un chasis limpio con asientos, sin motor, ventanillas abiertas, ni los botones del aire acondicionado. “Es una carcasa. Solo me queda venderlo por partes”, dijo.
El taxi apareció desmantelado cuando la Policía De Investigaciones (PDI), que seguía las pistas investigativas de la causa a cargo del fiscal Marcelo Vitola, logró ubicar el vehículo en una vivienda de Bello al 4000, en barrio La Cerámica.
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Raúl, padre de Daniela, manejó el taxi hasta donde pudo
En ese domicilio, un hombre que se identificó como Jonathan G. dijo que Hernán Ariel Z., el chofer, le había dejado el taxi hacía aproximadamente una semana. La Municipalidad le quitó el permiso para conducir el taxi y le prohibió subirse a cualquier unidad de transporte público. Sin embargo, la licencia que lo habilita a conducir vehículos particulares sigue intacta.
El desesperado pedido
Cuando su padre Raúl se bajó del taxi tenía casi 80 años. Daniela se hizo cargo del taxi como herencia familiar. El esfuerzo de toda la familia Masso estaba sobre esas cuatro ruedas y ella no quería dejarlo a la deriva. Nunca aprendió a manejar, por lo que requería de un chofer. Hernán Ariel Z. fue el último y el que le dio un vuelco a su vida.
“La chapa es un sentimiento muy grande. No tengo forma de recuperar el vehículo y si la tuviera no sé si tengo ganas de volver a pasar por esto. El día a día cuesta y cuando salís a buscar trabajo te encontrás con trabas: hasta 30 años, la falta de contacto o comunicación por email”, retrató Masso.
Le es indiferente el puesto que ofrezcan. “Trabajo es trabajo”, repite. Encerrada en las cuatro paredes de su casa, rememora todo el tiempo aquel 7 de enero, mira la cochera vacía y hasta piensa en traer “lo que quedó” del auto. Pero todo ese proceso la desestabiliza.
Mientras tanto, Daniela Masso intenta continuar el día a día. Todos los días se esperanza con la posibilidad de conseguir un trabajo y pelea para que su hijo no deje su “sueño” de ser médico. Quien quiera ayudarla, puede comunicarse a su celular 341-6-140016, tanto por llamados como por WhatsApp.