Rosario tiene antecedentes de temporales que provocaron evacuaciones, calles anegadas y complicaciones en distintos barrios. Ante el escenario de precipitaciones superiores al promedio habitual previsto entre octubre y marzo, el fenómeno de El Niño vuelve a poner en agenda la capacidad de la ciudad para afrontar lluvias intensas y prevenir inundaciones.
En una presentación sobre las medidas de prevención, la Municipalidad de Rosario identificó los márgenes de los arroyos Ludueña y Saladillo y las zonas más bajas de la ciudad como los sectores con mayor vulnerabilidad. El documento también advirtió sobre el posible incremento del caudal de esos cursos de agua y del río Paraná, con riesgo de desbordes y afectación de áreas expuestas.
Las autoridades incluyeron antecedentes de tres episodios críticos registrados en 2007, 2012 y 2016. Los datos y la cobertura periodística de La Capital permiten dimensionar el impacto que tuvieron las lluvias extraordinarias en la ciudad, aunque cada evento tuvo características diferentes y las cifras deben analizarse según el período al que corresponden.
Las inundaciones de 2007, uno de los antecedentes más graves
Marzo de 2007 quedó marcado por una emergencia hídrica que afectó a Rosario y a distintas localidades de la región. Las lluvias persistentes provocaron anegamientos y obligaron a evacuar a miles de personas.
En ese episodio hubo un registro de 240 milímetros de lluvia y 3.500 evacuados. Las coberturas periodísticas de aquellos días también dieron cuenta de una emergencia prolongada, con cifras que variaron a medida que avanzaron las precipitaciones y se actualizaron los relevamientos.
Según una crónica de La Capital publicada el 29 de marzo, hasta ese día habían caído 240 milímetros de lluvia desde el lunes anterior, por encima del promedio habitual de marzo, que entonces era de 169 milímetros. Los evacuados fueron distribuidos entre el Batallón 121, el microestadio de Newell's y el Club Náutico Sportivo Avellaneda.
Los desbordes de los canales Salvat e Ibarlucea afectaron principalmente a Nuevo Alberdi Oeste, barrio Municipal y sectores rurales y semirrurales cercanos a la ruta nacional 34. También hubo anegamientos en sectores de los barrios Toba de Travesía y Juan José Paso, Tango, Santa Lucía, Industrial, Empalme Graneros, Stella Maris y Villa Banana, donde la acumulación de agua y las características del terreno agravaron las consecuencias de las precipitaciones.
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El arroyo Ludueña, en tanto, mantuvo en vilo a los vecinos por el crecimiento de su caudal, alimentado por una cuenca de unas 70.000 hectáreas. Sin embargo, según la crónica, durante la tarde el nivel se estabilizó y el curso de agua no llegó a desbordarse en esa jornada. La emergencia también afectó servicios esenciales: las filtraciones dejaron fuera de servicio los seis quirófanos del Hospital Centenario, hubo miles de usuarios sin electricidad y los anegamientos obligaron a modificar recorridos de colectivos.
Ante la magnitud de la situación, la Municipalidad y la provincia conformaron un comité de crisis. El municipio desplegó alrededor de 1.000 agentes en el territorio y la Nación envió ayuda para los evacuados. El temor a que se repitieran inundaciones anteriores, especialmente las de 1986, volvió a instalarse en distintos barrios mientras las autoridades seguían de cerca la evolución de las lluvias.
Diciembre de 2012: Fisherton bajo el agua
Otro antecedente corresponde a diciembre de 2012. Según los registros oficiales, cayeron 280 milímetros de lluvia y 350 evacuados. Las crónicas periodísticas de la época describieron anegamientos en diferentes sectores de Rosario y señalaron a Nuevo Alberdi y Fisherton entre las zonas afectadas. También informaron sobre el desborde del canal Salvat y el monitoreo del canal Ibarlucea.
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Según publicó La Capital el 21 de diciembre, entre la tarde del miércoles 19 y la madrugada del jueves 20 cayeron 178 milímetros de lluvia en la ciudad. De ese total, 90 milímetros se concentraron entre las 21 y las 2. El temporal dejó más de 1.500 evacuados en el área metropolitana, 520 de ellos en Rosario, además de una mujer fallecida en Las Parejas y un joven desaparecido en la ciudad.
Fisherton fue uno de los sectores más castigados. En algunas viviendas, el agua alcanzó un metro de altura y las calles quedaron intransitables. La zona comprendida por Eva Perón, Sánchez de Loria, Juan José Paso y avenida Circunvalación concentró buena parte de los daños. Los equipos de rescate utilizaron botes para asistir a vecinos atrapados en sus casas, mientras numerosos hogares sufrieron pérdidas de muebles, colchones y otros bienes.
Los vecinos del barrio responsabilizaron a las obras de la colectora de Circunvalación por las inundaciones y el reclamo de un resarcimiento se prolongó durante varios años. Los afectados responsabilizaron al terraplén, la acumulación de basura y la obstrucción de los caños de desagüe por el agua que ingresó a sus viviendas. Según relataron entonces, la limpieza del sector con una excavadora permitió que el nivel del agua bajara rápidamente. La denuncia apuntaba a problemas que, para los vecinos, excedían la intensidad de las lluvias y estaban relacionados con la ejecución y el mantenimiento de la obra.
También hubo evacuados de los barrios Industrial, Nuevo Alberdi, Villa Banana, Las Palmeras y Empalme Graneros, que fueron trasladados a centros de asistencia. En el noroeste, el agua acumulada durante los días previos generó un “tapón hídrico” que dificultó el drenaje del Emisario 10 hacia la desembocadura del arroyo Ludueña. Según explicó entonces el secretario de Obras Públicas, Omar Saab, los desagües habían quedado desbordados por la combinación de las lluvias acumuladas y la intensidad de las precipitaciones en pocas horas.
El temporal afectó además servicios esenciales. Más de 30.000 usuarios de la Empresa Provincial de la Energía quedaron sin suministro, hubo semáforos fuera de funcionamiento, cortes de calles y rutas y modificaciones en el transporte urbano. La Municipalidad y la provincia conformaron un comité de crisis para coordinar la respuesta, mientras los operativos de evacuación y asistencia continuaban durante la jornada.
La cobertura de este diario describió el episodio como un desastre inédito en décadas para algunos sectores de Fisherton, donde vecinos con muchos años de residencia afirmaban no haber visto una inundación de esa magnitud.
Febrero de 2016, otro antecedente crítico
En febrero de 2016, Rosario registró 378,6 milímetros de lluvia acumulada durante todo el mes, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional. El valor fue el máximo para febrero en la serie comparativa iniciada en 1961.
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El 26 de febrero un temporal volvió a complicar a Rosario. Según publicó La Capital al día siguiente, cayeron hasta 150 milímetros de lluvia durante la mañana, con una concentración de 84 milímetros en un período muy corto. El agua inundó calles del centro y macrocentro, desbordó zanjas en los barrios y dejó a más de 16.000 usuarios sin electricidad.
El centro, Pichincha, el bajo de avenida Belgrano y la zona norte estuvieron entre los sectores más afectados. También se anegaron las colectoras de avenida Belgrano y avenida Colombres, el bulevar Rondeau y la rotonda de Costanera y Puccio. La acumulación de agua complicó la circulación y dejó colectivos varados en calles y zanjas desbordadas.
Cuáles son las zonas más vulnerables de Rosario
Los márgenes de los arroyos Ludueña y Saladillo y las zonas bajas de la ciudad como los sectores con mayor vulnerabilidad ante El Niño. Los especialistas advierten que un incremento del caudal de esos arroyos y del río Paraná podría generar desbordes y afectar áreas expuestas. También señala que el crecimiento del Paraná puede condicionar el escurrimiento de los cursos de agua y de los conductos pluviales.
El riesgo está relacionado con las características de las cuencas y con la capacidad del sistema para conducir el agua. Rosario recibe aportes de una superficie regional de aproximadamente 450.000 hectáreas entre los arroyos Saladillo y Ludueña, según la presentación municipal.
Por esa razón, el comportamiento de los cursos de agua no depende únicamente de las lluvias que caen dentro de la ciudad. También inciden las precipitaciones en otras localidades de la región y el volumen de agua que llega a través de las cuencas.