La locura de manejar a más de 100 kilómetros por hora en Rosario y provocar la muerte y destrucción de familias, como lo que pasó la noche de este martes en la costanera central tiene sus antecedentes en la ciudad.
Sebastián Pira, Matías Colabianchi, Matías Capozzucca, Gastón Dlugovitzki, Juan Carlos Schmitt, Pablo Manciniy Germán Schoeller, nombres que desataron la muerte al volante
La locura de manejar a más de 100 kilómetros por hora en Rosario y provocar la muerte y destrucción de familias, como lo que pasó la noche de este martes en la costanera central tiene sus antecedentes en la ciudad.
Un repaso por el archivo trae el recuerdo de los casos fatales perpetrados por Sebastián Pira (2 de marzo de 1997), Matías Colabianchi (29 de agosto de 1999), Matías Capozucca (22 de mayo de 2005), Juan Carlos Schmitt (31 de marzo de 2016), Gastón Abraham Duglovitzki (2019) y Pablo Mancini y Germán Schoeller (21 de marzo de 2021). Todos ellos, con las pertinentes particularidades de cada caso, terminaron con la vida de personas inocentes.
Casi 28 años exactos separan la locura resonante perpetrada en bulevar Oroño y Salta por Sebastián Pira de la ocurrida este martes por la noche en la salida del túnel Presidente Arturo Illia.
Este martes, Agustín L. presuntamente corría una picada a alta velocidad a bordo de un Peugeot 206 cuando se estrelló contra un semáforo a la altura de Presidente Roca y terminó con la vida de Tania Gandolfi y Agustina García, madre e hijas oriundas de Córdoba. Además, la hija menor de Gandolfi permanece internada en grave estado en el Hospital de Niños Víctor J. Vilela, producto de politraumatismos y traumatismo encefalocraneal.
Pira tenía apenas 21 años cuando el 2 de marzo de 1997 decidió ignorar un semáforo en rojo al mando de un Ford Galaxy y embistió a María Celeste Haiek, de por entonces 22 años y a Daniela Caruso de 16 años, quienes estaban por tomar un taxi en Salta y Oroño.
Haiek falleció en el acto producto del impresionante impacto, pero Caruso fue arrastrada en el capó del Galaxy al menos una cuadra. No obstante, Pira zigzagueó para desestabilizarla, aceleró y unos cien metros después, al llegar a Balcarce frenó de repente. Caruso se desplomó al pavimento y el conductor le pasó por encima con el coche y se dio a la fuga.
Ocho meses después de la tragedia, una resolución de la Cámara Penal consideró que la muerte de María Celeste Haiek se calificaba como homicidio culposo (sin intención comprobada del hecho), pero en el caso de Daniela Caruso la carátula pasó a homicidio simple con dolo eventual. Es por eso que el 10 de noviembre de 1997 se ordenó la detención del conductor.
Pira advertido y por tal razón se fugó y escapó del país vía aérea de la Argentina. Se libraron órdenes de captura internacional pero, el conductor fue una sombra hasta que en 2001 quedó detenido en Amsterdam cuando estaba a punto de volar a Israel. Un juez holandés le concedió la libertad condicional hasta tanto se sustanciase su extradicción al país. Pero otra vez huyo.
La primera prescripción llegó en 2004 para el caso de Haiek, pero debía rendir cuentas por la muerte de Caruso. Pese a su calificación de homicidio simple y en 2014 se cayó la causa.
Ya se habían agotado los plazos procesales merced a su escape constante hasta que el sobreseimiento por prescripción le puso punto final a los tiempos técnicos para perseguirlo, encontrarlo, y someterlo a debido proceso. Hoy la causa quedó impune y hasta en un aniversario por la muerte de las chicas alguien deslizó que vivía en Rosario, en el barrio Hospitales y como si nada hubiera pasado.
El domingo 29 de agosto de 1999, Matías Colabianchi tenía 23 años. Iba al volante de un Peugeot 205, pasó el semáforo en rojo de Salta y chocó violentamente a un Fiat Duna, que cruzaba por Lagos.
En el asiento trasero del Duna viajaba Antonella Trivissono (6 años), que manejaba su mamá Silvia. El auto de la familia Trivisonno dio varios tumbos mientras que el Peugeot de Colabianchi se incrustó en un quiosco de diarios.
El trágico resultado fue la muerte en el acto de Antonella, quien recibió atención médica tras salir despedida del auto por la vehemencia del impacto y murió a raíz de las graves heridas sufridas. El 2 de octubre de ese 1999 iba a cumplir 7 años.
En marzo de 2003, la Justicia condenó a Colabianchi a dos años de prisión en suspenso y a diez años de inhabilitación para conducir.
Más allá de la Justicia, la familia de Antonella encabezó en el 2000 la primera campaña en busca de sumar donantes de órganos fue en 2000, apenas un año después del fallecimiento de la pequeña.
"Fue como una forma de recordarla, la gente seguía hablando de Antonella y no queríamos que solamente fuera un recuerdo nuestro sino que otras familias pudieran valorar el día a día, que es lo que Antonella nos enseñó", recordó Claudia.
Capozucca tenía 19 años el 22 de mayo de 2005, ocho años después del resonante caso Pira, cuando se llevó de la concesionaria de su padre un BMW. Decidió hacer una travesura, manejar alcoholizado, sin saber que cargaba un arma al volante o tampoco le interesaba pensarlo de esa manera.
Lo cierto es que aquella noche manejaba alcoholizado y a alta velocidad cuando estrelló ese auto de alta gama contra varios árboles del parque Norte, en Rivadavia al 2400 y provocó la muerte en el acto de Nayib Abraham, de 19 años, y Ursula Notz, de 16.
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Como si eso no hubiera sido suficiente, Carla Alfaro, que aquel día cumplía 16 años y también iba en el habitáculo, quedó con irreversibles secuelas cerebrales y sigue postrada en estado de coma con conciencia mínima.
Paso apenas seis meses preso hasta que un fallo de la Corte Suprema provincial ordenó su inmediata libertad el 23 de diciembre de 2010. El máximo tribunal aceptó analizar un recurso presentado por los defensores del conductor, quienes plantearon que la pena de 3 años de prisión efectiva que le habían otorgado fue arbitraria y afectó cuestiones constitucionales.
Así las cosas, aceptó una entrevista con La Capital cuando en 2014 decidió someterse a estudios para intentar tramitar la licencia de conducir en 2015, una vez finalizada la restricción que le habían impuesto por matar a dos amigos y dejar postrada de por vida a otra.
Quien purgó y aún purga una condena por exceso de velocidad al volante, aunque en otro contexto no por ello imprudente, es el mecánico Schmitt, quien el 31 de marzo de 2016 arrolló y mató al cadete Damián Orgaz, un joven de 26 años que repartía pedidos para un restobar de la zona.
El mecánico circulaba a 130 kilómetros por hora a bordo de un Audi TT por la diagonal Río Negro y Campbell cuando embistió a la moto en la que circulaba Orgaz, cuyo cuerpo sufrió desmembramientos producto de la vehemencia del impacto a alta velocidad.
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El 30 de agosto de 2017, un tribunal de primera instancia resolvió encuadrar la carátula de homicidio culposo y condenar al mecánico a la pena de 5 años de prisión y a 10 de inhabilitación para conducir, tal la pena máxima dentro de esa calificación legal.
Sin embargo, la resolución fue apelada por la Fiscalía y el 21 de diciembre de 2017, los jueces de Cámara consideraron que el accionar de Schmitt, tal y como sostenía la Fiscalía, debía enmarcarse en un homicidio simple con dolo eventual y elevaron la pena a 9 años.
Pese al pedido de la defensa, otro tribunal de Cámara comenzó a revisar ese segundo fallo. Pero el Tribunal de alzada integrado por los magistrados Gustavo Salvador, Carina Lurati y Bibiana Alonso confirmó la condena por homicidio simple con dolo eventual y ante eso la defensa optó por elevar un recurso de queja ante la Corte, que dejó firme la condena a 9 años de prisión.
En marzo de 2019, David Abraham Dlugovitzki (22 años) iba a bordo de un Ford Focus por avenida San Martín. Corría una picada con un motociclista hasta que en el cruce de Garibaldi embistió a Fabián Cragnolino, el tesorero de la comuna de Ybarlucea, quien conducía una Renault Kangoo por esa arteria y murió en el choque.
"Me encanta correr, lo llevó en la sangre", se ufanaba en sus posteos en redes sociales, mientras que en audios que certificó Fiscalía admitía que le gustaba conducir a toda velocidad "raspando espejos".
Decía que era Toreto, el personaje de Rápido y Furioso. Fue condenado a 8 años de prisión efectiva y diez años de inhabilitación para manejar, pese a que la Fiscalía había solicitado 12 años.
En marzo de 2021 dos amigos salían de una reunión y decidieron correr una picada mientras iban en sendos vehículos por avenida del Rosario hacia el oeste desde Castro Barros. Entonces hicieron rugir sus motores y pisaron el acelerador a fondo hasta que un vehículo Citröen C3 que cruzaba por Ayacucho hacia el sur terminó con la alocada carrera de dos compañeros del Sagrado Corazón.
En el C3 manejaba David Pizzorno, de 42 años, acompañado por su mujer Cintia Díaz y su hijo Valentino, de apenas 8. Padre e hijo perdieron la vida en el acto por el impacto lateral del Renault Sandero conducido por Schoeller, mientras que Mancini, que iba a bordo de un Citröen C4 blanco, no alcanzó a colisionar el auto de la familia Pizzorno, pero eso también le valió la calificación de “homicidio simple con dolo eventual con lesiones gravísimas en concurso ideal en calidad de coautor”.
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La pericia determinó que los jóvenes iban a 134 kilómetros por hora cuando uno de ellos embistió el coche en el que se desplazaban el papá y su hijo junto a Díaz, esposa y madre de los fallecidos y sobreviviente del tremendo episodio vial.
La fiscalía solicitó 18 años de prisión efectiva e inhabilitación para conducir. Sin embargo, fueron condenados a 12 años de prisión efectiva y otros diez años de inhabilitación para conducir, pero un tribunal de alzada modificó el fallo en primera instancia apelado por la defensa de Mancini y rebajó la pena a 8 años.