-¿Tu viejo murió como había vivido?
-Creo que sí porque cuando todo el mundo decía “cómo puede ser eso” yo decía que lo que le pasó le podría haber pasado a los 10, a los 20 o los 30 y, por suerte, le pasó a los 67 y vivió un montón. Vivió toda su vida entregado a los animales.
-¿Era un tipo solidario al extremo de bajarse a auxiliar a un perro sin medir el riesgo?
-Totalmente y, además, era un tipo curioso y deportista, a diferencia de nosotros (por sus hermanos), que ninguno hizo ningún deporte. Si fuera por eso yo debería haber tenido una vinería para estar acorde con mis gustos.
-¿Te considerás rosarino o funense?
-Me considero funense.
-¿Por qué?
-Porque viví toda la transformación de Funes y si tengo nostalgia tengo esa nostalgia poética del paisaje de Funes, que era un pueblo. Tenía una dinámica de pueblo, pero no sólo por la escala sino también por el paisaje. Era un lugar mucho más agreste, más amigable, menos comercializado. Ahora parece Villa Gesell, que tampoco está mal, pero ahora es otra cosa.
-¿Cómo fue tu infancia?
-Siempre viví mitad en Rosario y mitad en Funes, donde mi abuela Juana -que tiene 94 años- tenía una casa y de hecho mi casa actual está todavía. en Funes. Mi apellido en Funes es Gianghini, un apellido conocido acá. Es un apellido italiano, de la Romania. En la primaria iba a la (Escuela) 658 San Cristóbal, de Garay y Laprida, y en la secundaria a la (Escuela) Drago, donde me fue muy bien y rendí quinto año libre porque quería estudiar otra cosa.
"Técnicamente, falté todos los lunes a la escuela"
-¿Cómo era vivir mitad en cada ciudad?
-Esa cosa de vivir dividido de chico te genera que para los de Funes yo era un rosarino y para los de Rosario yo era un funense. A nivel pandilla siempre me veían como un extaño. Si vos convivís todos los días, pero desaparecés tres o cuatro, los tipos dicen: “Este no nos quiere tanto”. Era un paria. Era un bicho raro. A esa dinámica de ir y venir de Funes mucha gente la sufrió porque no estaba la autopista, la única comunicación era la ruta 9. Newbery era el Camino de las Carretas o Tomás de la Torre. Me acuerdo que cuando era chico pasaba por el Patio de la Madera todo cerrado y que el camino era Córdoba, Lagos, cruzar el Parque en diagonal y zona sur. Técnicamente falté todos los lunes a la escuela.
-Sacale “técnicamente" y te queda: “Falté todos los lunes a la escuela”. ¿Te tomabas el fin de semana largo?
-Yo salía de la escuela los viernes y me iba en el Villa Diego, de bandera verde, que ni hacía trasbordo en la Plaza Sarmiento e iba directamente hasta Funes y Roldán. Era otra época. Me iba los viernes al mediodía y volvía los lunes a la tarde. Eran todos fines de semana largos para mí.
-¿Cómo fue tu vida en Funes desde tu infancia?
-Funes fue una ciudad en la que siempre participé mucho, participé mucho en el Museo Murray, donde la directora Jéssica (Sabino) es una amiga y siempre colaboré todo lo que pude con ellos. Mi infancia en Funes fue muy poética, muy cinematográfica. Era una ciudad muy linda, llena de árboles, con un paisaje lleno de misterio para mí por las vivencias porque me metía en lugares místicos. Era muy paisajístico y visual. Funes es un lugar muy alto y tiene una luz muy particular.
-¿Hay más de 30 metros de altura entre Funes y Rosario?
-Sí, y dentro de Funes también hay diferencias.
-¿Por ejemplo?
-La zona del Country era un bajo, donde mi abuelo iba a cazar patos.
-¿Funes fue tu primera novia?
-En mis primeros años tuve un enamoramiento y en mi afán de mantener mi identidad con la ciudad hice un cambio y compré una de las casas más antiguas de Funes, que era el almacén de ramos generales, que ahora es un bar. Esa casa tiene un valor simbólico en la ciudad porque es un lugar muy antiguo, donde hay fotos donde se ven la iglesia y los árboles muy chiquitos. Funes tiene una cualidad: es una ciudad muy descentralizada y fracturada. No tiene un centro urbano. La plaza principal está sobre la ruta, la Municipalidad está metida en una parte, la estación de trenes en otra y la iglesia está del otro lado de la vía.
-¿Cuál es el centro o el pueblo de los viejos funenses?
-Mi abuela está a dos cuadras de la Municipalidad y dice: “Voy al centro, voy al pueblo”.
.¿El centro era la estación de trenes?
-El centro era la estación de trenes, que fue la que generó todos esos pueblos. Es curioso: Funes, en su honor inmobiliario, tiene el nombre del que lo loteó: Pedro Lino Funes. Su tradición es inmobiliaria.
-¿Funes era la casa de fin de semana de los rosarinos?
-Era la casa de fin de semana de los rosarinos y creo que ahí hubo un proceso muy interesante en 2001, cuando la gente se fue al tacho, que incide. En 2001 la gente tenía que liquidar algo porque ya estaba en la lona, pero ya estaba la autopista. Entonces ya había un canal de comunicación entre Funes y Rosario, y vos en 20 minutos podía estar en el centro. Entonces la gente dijo: “Me mudo a Funes”. Las crisis generalmente te hacen replantear cosas. Entonces el primer éxodo residencial comenzó en Funes, que también coincidió con el comienzo de los countries. Y aparecen la inseguridad y lla idea de vivir en un country, que no la comparto porque me parece una aberración urbanística y porque un country es una falla de lo público y de lo privado, que no se ponen de acuerdo.
-El pianista Jorge Cánepa contó en su nota que era más fácil entrar al Batallón 121 cuando hizo la colimba que al Kentuchy ahora. ¿Es así?
-Totalmente. Y además un amigo me contó que en la pandemia salió del country y cuando volvió el guardía le preguntó qué hacía. “Fui a comprar algo”. “Mostrámelo”, le contestó el guardia. Es una locura exponerse a eso. En los barrios cerrados como Kentucky cuando volvés te revisan hasta el baúl. Y nos dejamos hacer cualquier cosa desde el punto de vista de las libertades individuales.
-¿Los barrios cerrados son jaulas de oro como los hoteles todo incluído?
-Sí, pero además desde el punto de vista urbanístico son grandes manchas dentro de la ciudad, inaccesibles.
"El barrio cerrado es una falla del urbanismo"
-El director técnico Camello Di Leo contaba en el diario que es más fácil venir a Funes desde el aeropuerto que ir al centro de Rosario por la cantidad de barrios cerrados que hay en el medio. ¿Es otra falla del urbanismo?
-Sí, pero no lo digo desde una posición ideológica sino profesional. El barrio cerrado es una falla del urbanismo y es una derrota porque la ciudad es diseñada por las inmobiliarias. Trabajé un año como secretario de Planeamiento. Hay que rescatar, conservar y poner en valor lo existente, y resolver los problemas. Ambas cosas no son excluyentes.
-¿Qué habría que hacer en Funes?
-Funes es una ciudad compleja desde el punto de vista de la movilidad. Desde el punto de vista del auto, es una ciudad dividida por el ferrocarril con cuatro o cinco puentes. Los autos tienen una barrera muy concreta, en una ciudad muy extensa, que sólo pueden cruzar por cuatro o cinco lugares, que son pasos a nivel, pero si vas en bici o caminando podés cruzar por millones de lugares. Al ser una ciudad periférica de Rosario, donde el auto tiene tanto valor, tanto protagonismo -porque la gente va en auto a dos cuadras-, no hay una política de fomentar otro tipo de movilidad. Imaginate los embotellamientos que hay en esos puentes. Cada ciudad cuida su quinta, pero cuando yo estuve en Planeamiento busqué una coordinación entre Ibarlucea, Funes y Pérez, donde hay una mala comunicación, con caminos de tierra. Y desde el punto de vista de la movilidad Funes siempre estuvo complicada para llegar al norte de Rosario: en auto estás en 15 minutos y en colectivo estás en dos horas. Es curioso.
-¿El Tren de Cercanía, si sobrevive al gobierno nacional, puede solucionar el grave problema del transporte de Funes y la región metropolitana de Rosario?
-Sí, pero de todas maneras puede serlo con una frecuencia de un Tren de Cercanía, y no con uno a la mañana y otro a la noche. El tren es ideal porque corre por una vía que ya existe, tiene un motor para 10 vagones y desde el punto de vista de la sustentabilidad es ideal. Mi mamá fue a la secundaria en Fisherton, a la Stella Marys, bajaba en la Estación Antártida Argentina y caminaba una cuadra. El tren es fantástico no sólo para la relación Funes-Rosario sino para las otras ciudades, como Cañada de Gómez. El tren no tiene contra, las estaciones generan desarrollo, como pasó en el Apeadero Sur.
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-¿Cuando rendiste libre quinto año en la Drago ya querías estudiar Arquitectura?
-Sí. Estudié Arquitectura y Bellas Artes.
-¿Elegiste Arquitectura por tu viejo?
-Creo que sí y creo que no.
-¿Por qué en cada caso?
-Porque en realidad teníamos dos visiones diferentes, pero me gustaba lo doméstico, el tipo de trabajo, la vida del arquitecto, más allá de la obra de cada uno sea diferente porque cada uno tiene una posición, una opinión. Me gustaba la independencia y la multitarea que tiene el arquitecto, que es como un director de cine, que tiene que saber un poco de fotografía, un poco de electricidad y trata de combinarlos.
-¿Sos arquitecto, ilustrador y músico?
-Sí, me recibí y trabajé mucho como arquitecto, mucho como llustrador y como músico. Toqué el saxo en una banda que se llamaba “Sudacas” y ahora toco el piano en una banda que se llama “Elige tu propia aventura”.
-¿El nombre se debe a los libros?
-Tal cual. Son los únicos libros escritos en segunda persona. Algo muy curioso en el mundo.
-¿Sos un multitarea?
-Creo que no soy un multitarea. Creo que me aburro de hacer las mismas cosas.
-¿Sos muy inquieto?
-Sí, estaba bueno que cuando tocábamos en “Elige tu propia aventura” porque podíamos combinar todo porque proyectábamos dibujos, hacíamos ensayos espaciales de la escenografía. Seguimos y hace poco subimos un disco, después de 17 años.
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-¿Cuándo tocaron en Sudaca?
-Sudaca fue hasta el 2000, fue un grupo muy noventoso, preinternet. Sudaca era una música medio regae, medio latino, y ahora con Elige hacemos música depresiva.
-¿Por qué depresiva y no nostálgica?
-Podés decir melancólica, pero no, es depresiva.
-¿Es una definicióin como las de Roberto Arlt, que decía que las palabras deben salir como un cross a la mandíbula?
-Sí. Esto es más a los huevos que a la mandíbula.
"Tengo muchos amigos artistas plásticos y los convoqué a la galería"
-¿Cómo siguió tu vida en la arquitectura?
-Trabajé como arquitecto un tiempo acá, después estuve viviendo un tiempo en Perú en 2004 y 2005. Me fui 15 días a una Bienal de Arquitectura y me quedé dos años. Tengo muchos amigos, que son artistas plásticos, a quienes los convoqué ahora a esta galería que vamos a abrir en Madrid con un plantel de artistas.
-¿Cómo surgió la idea de la galería?
-Es un proyecto muy nuevo, que vamos a abrir ahora, este mes o el próximo. La idea es que esté en el centro, ahora estamos viendo algunos locales en El Rastro.
-¿Madrid es la ciudad española más parecida a la Argentina?
-Creo que sí y no. Es muy amigable. En mi humilde opinión no tiene comunidad autónoma, son españoles: no son andaluces ni catalanes. Y son muchos inmigrantes de los pueblos. Al madrileño nacido le dicen “gato”.
-¿No es despectivo como acá?
-No, acá “gato” es despectivo o es un plato (risas). Creo que les dicen “gato” porque como era una ciudad amurallada los madrileños saltaban las paredes. Pero es muy común que en la ciudad no haya gente NyC (nacida y criada), es como Funes ahora, entonces hay una multiculturalidad, hay argentinos, indios, rumanos. Es como Nueva York, supercosmopolita, pero a la vez es una ciudad muy tranquila, cada distrito tiene su autonomía. Uno nunca siente que vive en una ciudad de tres millones de habitantes.
-¿Es cierto que en Madrid entre los barrios arbolados y el centro desierto puede haber en verano una diferencia de 10 grados?
-Sí, seguro que sí. Hay muchos árboles en el sector de afuera. Son tres anillos: 30, 40 y 50, como en Londres. Es una ciudad bien mediterránea. La ciudad argentina más parecida es Córdoba: la diferencia es que Cördoba está para abajo y Madrid está hacia arriba. Y Madrid es una ciudad nueva. Yo me mudé en Europa a una casa más nueva que la que vivía acá; mi casa de Funes era de 1875 y mi casa de Madrid es de 1910. Es rarísimo e inexplicable.
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Leo Vincenti / La Capital
-¿Trabajaste en Europa como arquitecto?
-Trabajé como arquitecto en dos estudios de arquitectura. Hacía muchísimos años que no trabajaba en relación de dependencia y ahora decidí ponerme a hacer mis cosas. Hago trabajos por mi cuenta y, ahora, con la galería.
-¿Que se va llamar cómo?
-Finde o Finde XL, por el fin de semana largo. Será un poco porque todos mis fines de semana eran largos.
-¿Cómo será Finde XL?
-La galería que queremos abrir será un espacio más de edición: un artista presenta sus cuadros, que tienen su precio, pero podemos hacer una edición impresa de esos cuadros, que tenga un precio más accesible, o que tenga una serie de objetos más baratos para que la gente se lo pueda llevar.
-¿No venderán sólo cuadros?
-No será sólo para vender cuadros ni la galería donde están el visitante y el artista, con un modelo estático sin un puente entre ellos. Existirá un puente donde el artista explique. Y la curaduría pasará también por lo que suceda durante la muestra y no sólo que el cuadro esté colgado en la pared. Y también vamos a editar obras de artistas como serigrafías y grabados, algo que también está bueno para que sea accesible para que la gente se pueda llevar a su casa algo de lo que le gusta, sin que sea exclusivo. Voy a hacer cruces con artistas amigos como Fernando Otero, de Perú, y Gabriel Ippoliti y Gisel Ippoliti, de Funes, entre otros de Rumania e Italia.
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-¿La idea es seguir también con la arquitectura?
-Con la arquitectura y con la ilustración. Hago muchas ilustraciones. Justamente dibujo paisajes de las ciudades, tengo muchos dibujos de la ciudad de Funes y muchos de Madrid, que son dibujos que tienen que ver con ese espíritu misterioso de la iluminación, la nocturnidad y esa cosa que viene del arte (norte)americano, que son obras hechas por el hombre sin personas: Oswald Hooper o Ashkan, que es una escuela de pintura, que es hermosa. Deprimente, también, pero hermosa.
-¿Te gusta el tango?
-Me gusta el tango más acancionado. Para mí "El día que me quieras" es la mejor canción escrita en la faz de la tierra, lejos, y “Volver”.
-Dicen que el tango es como la sopa: gusta de grande.
-¡Puede ser! De chico mucho no me gustaba. Y la sopa tampoco me gusta mucho ahora, pero decir que te gusta el tango es como decir que te gusta la música clásica: es tan abarcativo el concepto porque tenés desde Piazzola hasta Edmundo Rivero y Julio Sosa. Es muy vasto, pero es todo dos por cuatro. Pero es muy interesante como poesía, cómo cuenta, y las metáforas son alucinantes. Decir “Las nieves del tiempo platearon sus sienes” para describir las canas de una persona me parece alucinante.
-O cuando "Cafetín de Buenos Aires” dice que “sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja”.
-Tal cual, pero creo que eso viene de que los argentinos somos inmigrantes y sufrimos esa falta de madre y padre.
-¿Madrid es una ciudad muy vivible?
-Totalmente. Es una ciudad muy tranquila, muy segura, muy inclusiva -que tiene una gran Marcha del Orgullo- donde tengo muchos amigos de todos lados porque hay argentinos, rumanos, italianos, y muy divertida porque como es una capital hay muchas cosas para hacer: voy a ver conciertos, recitales, presentaciones de libros.
-¿Y cómo es tu relación con los españoles?
-Muy buena porque somos los primos del campo, como dice una amiga española, y también tiene una cosa muy interesante que creo que fue cambiando: antes nos relacionaban más con los italianos pura y exclusivamente, y ahora sólo con los argentinos porque hay millones. En cada crisis argentina han mandado oleadas de italianos o españoles argentinos, de doble ciudadanía, y sucede que hay una curiosidad. En las ciudades donde somos todos de diferentes lugares los temas de conversación son más ricos porque le preguntás qué comés, cómo es tu casa, qué clima hace. Entonces hay como otra dinámica a la hora de charlar y la gente genuinamente se pregunta porque le da curiosidad, como preguntas más culturales como saber cómo se festeja la Navidad, que son bárbaras para mi y eso es redivertido.
-Una catalana que maneja una ambulancia en Roldán contaba en su nota que “me gusta de los argentinos eso de juntarse en una casa sin avisar: eso en Barcelona no existe”. ¿Esto es tan así?
-Me pasó en Dinamarca que le dije a un conocido: “Vamos a tomar algo”. “Vení a mi casa”, me dijo. Uno, como argentino, piensa que será mañana o pasado. “Vení el 14 de agosto a las 22 horas”. “Pero faltan dos meses”, le dije. “Es probable que no esté, yo me vuelvo”.
-¿Es otro mundo?
-Sí. Y somos unos reyes de la improvisación. Una de las grandes ventajas que tenemos es esa capacidad de repentización, de salir adelante con lo que tenemos. Será que estamos criados y moldeados para la crisis.
-Arquitecto, dibujante, ilustrador, músico. ¿Cómo te definís?
-Lo que más me define es como dibujante porque creo que todas las cosas vienen de ahí. Creo que el dibujo es lo que hago desde que tengo uso de razón, y desde ahí salen ideas musicales, arquitectónicas e incluso de gestión cultural, como esta de la galería de arte en Madrid.
-¿Cuál fue tu primer dibujo?
-Una locura: un avión, que arriba tenía un ring de boxeo y había dos personas peleando, que eran palitos y círculos que hacía con un vaso.
-¿Los argentinos nos peleamos arriba del avión?
-Puede ser. Creo que mis viejos estuvieron bien en no internarme. Yo tenía cinco o seis años, nunca nadie me lo preguntó y lo pienso ahora. Era un avión cuadrado, un dibujo que voy a hacer de nuevo.