El empate en el clásico es reciente y en Newell’s perduran las sensaciones positivas por el punto conquistado. El plantel de Frank Kudelka seguirá envuelto en un estado reconfortante, al menos hasta el partido del viernes contra Vélez en el Coloso. Estos días le servirán para trabajar con tranquilidad, por lo conseguido en el Gigante, y para continuar poniendo el foco, con mayor optimismo, en la búsqueda de la clasificación a la fase final del torneo Clausura.
Sin descuidar la tabla del promedio, donde su coeficiente para la próxima temporada es muy bajo si la competencia de 2027 comenzara hoy mismo.
El resultado del Gigante fue todo para la Lepra. Con el 1 a 1 evitó un golpe anímico de consecuencias impredecibles, más por los antecedentes de los últimos 13 años, con 6 derrotas en fila, que por el hecho en sí de una caída.
El valor del resultado, por sobre el juego
La igualdad impidió que se atraviese esa situación de malestar y angustia. Con un pobre rendimiento, eso sí. Porque el fútbol del conjunto rojinegro estuvo lejos de lo esperado. Si alcanzó el empate fue por un acierto en una jugada fuera de contexto, inesperada.
Si merece destacarse algo, fue la determinación acertada de Kudelka de terminar el partido con tres centrodelanteros, quienes fueron los responsables de la agónica igualdad, cuando no aparecían los recursos para llegar al gol y el partido se extinguía.
Matías Cóccaro celebra el empate de Newell's en el clásico.
Nada hubiese sido igual en el ánimo de los jugadores y el cuerpo técnico si el marcador favorecía a Central. El impacto emocional hubiera golpeado duro. La igualdad predispone de una mejor manera. Alivia. Reconforta.
Estimula a un grupo que llegaba de un empate valioso ante el siempre complicado Estudiantes en La Plata y que ahora amplió la racha a cuatro partidos sin derrotas y arribó a la mitad del torneo en el lote de los clasificados a la etapa decisiva.
>> Leer más: Clásico emocionante, pero sin fútbol: Newell's no ganó pero se alivió y en Central perdió Almirón
El 1 a 1 genera un ambiente de armonía entre el equipo y los hinchas, aunque unos y otros, especialmente los últimos, deseaban una victoria en el clásico que se le niega desde 2022.
Pero nadie, ni los protagonistas dentro del campo de juego ni la hinchada, dejó de admitir que el papel del equipo frente a Central estuvo por debajo de lo esperado. El marcador no oculta lo sucedido durante los 90’.
Lo positivo es que el gol siempre puede llegar
De todos modos, pese a la adversidad del desarrollo, merece reconocerse que la Lepra es un conjunto del cual se puede esperar un gol hasta el último instante. No por nada todos sus goles en el torneo fueron durante los segundos tiempos.
Que siempre pueda esperarse de Newell’s hasta el último instante es una virtud, más allá de que el tanto en el clásico no fue obra de un conjunto que inclinó la cancha e impuso una agresividad manifiesta.
Es que hasta el tiempo adicional, en el que Matías Cóccaro desató el delirio rojinegro, le costaba un montón meter la pelota adentro del área canalla. Lo destacable es que no renunció a la idea de empatar y que su goleador volvió a mostrar oficio.
La deuda futbolística merece saldarse si es que Newell’s quiere ser animador de este torneo. Actuaciones así, como la del domingo, condicionan su futuro. No siempre resolverá el partido con una sola jugada. La carencia de fútbol fue un gran déficit.
>> Leer más: Un ex-Newell's anotó un triplete y es la figura de la revelación de La Liga de España
Durante el primer tiempo apeló al recurso frecuente del pelotazo para Cóccaro, principalmente, y Mazzantti, para aprovechar la segunda pelota. Quizás lo planteó así para no arriesgarla en el medio, ante la posibilidad de perderla y que lo perjudique el ataque vertical del local, con el equipo rojinegro saliendo. La vía para avanzar fue tan previsible como improductiva.
En la cancha, el equipo ofreció poco
A Newell’s le faltó juego asociado. Cada uno, aislado, hizo lo que podía. Guch tuvo un traslado impreciso. Mazzantti no profundizó. Cóccaro perdió el duelo con Ovando. Santiago Solari pasó desapercibido. Rodrigo Herrera no acompañó como debía. Regiardo se equivocó con la pelota. Ortega no subió con determinación.
Algo se corrigió durante el segundo tiempo, a partir de una mayor circulación. Sin ejercer una posesión virtuosa, la manejó mayor tiempo. Jerónimo Gómez Mattar se involucró en la generación, aunque no siempre resolvió bien. La postura general un poco cambió y, con una acción en el tiempo adicional, rescató un punto.
Josué Reinatti, de rendimiento parejo, se abraza con Lucas Carrizo tras el gol en el clásico.
El salto futbolístico es una cuestión que quedó pendiente en los últimos partidos. Newell’s necesita de un crecimiento, al margen de la irregularidad lógica de un plantel con varios juveniles.
Guch, Regiardo, Jerónimo Russo y Gómez Mattar tienen la misión de encontrar esa estabilidad de rendimiento, con el imprescindible respaldo de los jugadores de más trayectoria.
Es fundamental que, aparte de Cóccaro, Mazzantti o Giannetti, para este plantel, se involucren mejor Solari, Rodrigo Herrera, Mateo García y Lucas Gómez. Para que Newell’s se consolide como equipo y el 1 a 1 en el clásico no quede apenas como anécdota.