Todos los días Roxana Páez caminaba por un asentamiento de Nuevo Alberdi y preguntaba a sus vecinos si querían que les sacara la basura a la calle. Así lograba unos pesos y compraba un Fernet, fideos y alguna hamburguesa para compartir con don Rivero, con quien vivía en una linda casa por Somoza al 3000. La tarde del 18 de junio fue a hacer compras a un kiosquito de la zona y un móvil policial la detuvo en una esquina del barrio. Como no tenía sus documentos encima la llevaron a la comisaría para identificarla, pero a las pocas horas la liberaron. Estuvo un mes afuera de su casa mientras su familia la buscó en hospitales, comisarías y distintos lugares de Rosario. A la familia le llegaron mil versiones: que la habían matado, que pedía comida en la zona de la Terminal de Ómnibus, que estaba en un campo, que la habían enterrado en el Bosque de los Constituyentes. No estaba. Como la policía la liberó sin llevarla a su casa, para Roxana, que nunca había salido de su barrio, fue imposible volver.
A Roxana todos la conocen, es la Roxi. Muy flaca, desgarbada y vestida con ropa que nunca elige, que le llega donada por vecinos. Al mediodía del 18 de junio fue a buscar una milanesa y pan al kiosquito con otro chico. No habían fumado ni tomado nada, ese día estaban bien. "¿Dónde vas?, vení para acá", le dijo una policía mientras el chico que estaba con Roxana alcanzó a caminar más rápido y se perdió en un pasillo. Roxana no tenía documentos con ella y luego de requisarla la llevaron a la seccional 22ª. Pero eso solo lo sabía el joven que estaba con ella.
En la comisaría, a 7 kilómetros de su casa
Cuando Roxana llegó a la seccional eran cerca de las 12.40. Ella dio su nombre, le tomaron las huellas, la tuvieron entre tres y cuatro horas, hasta que la liberaron. "¿Me van a llevar a casa, señor?", preguntó Roxana a un policía. "No nena. andate sola", le respondieron. Roxana estaba en la seccional 22ª, a siete kilómetros de su casa, pero no lo sabía. Nunca había salido de Nuevo Alberdi, ni siquiera conoce el Monumento a la Bandera.
Cuando Roxana empezó a caminar eran cerca de las 18 del 18 de junio. Sin rumbo caminó hasta que se hizo de noche y durmió por ahí. Al día siguiente pidió comida y llegó a un contenedor de basura. Buscando algo se topó con Nicolás, de 30 años. "¿Vivís lejos?", le preguntó Nicolás. "En Nuevo Alberdi", contestó. "Ah, es lejos de acá", le dijo el hombre, y le ofreció ir con él a su casa.
A los dos días en los que Roxana no aparecía, su padre le dijo a Karina, una de sus hermanas, que no había vuelto. Karina fue a la subcomisaría 2° y no le tomaron la denuncia por que no tenía ni fotos de ella ni sus documentos. Le dijeron que fuera a Fiscalía y allí dirigió. Dos días después estaba hecha la denuncia de paradero y unos días más tarde Fiscalía publicó en su página la búsqueda. Roxana ni se enteró de que la buscaban y la foto no se distribuyó.
"Primero recorrimos el barrio y preguntamos si la habían visto. Todos la conocen pero nadie la había visto ni nos dijo nada. Recorrimos Nuevo Alberdi y los barrios de alrededor. Pegamos carteles en las columnas, en las paredes y en los negocios de la zona, pero nada", contó la hermana.
Recursos y búsqueda
En estos casos el tiempo hiere. La pregunta que se le hace a un hijo, un hermano, un padre es: "¿Llegaste bien? avisame". La palabra: llegaste. Roxana no llegaba a ningún lado, no estaba por ningún lado. Entre 2015 y 2024 se registraron 100.268 casos de personas desaparecidas o extraviadas en todo el país. De esos casos, el 58 % de las búsquedas fueron resueltas. En el departamento Rosario, ingresan entre 10 y 15 búsquedas diarias a la División Especial Brigada Operativa de Paraderos, y se calcula que hay todavía 500 casos activos de búsqueda, algunos de ellos resonantes. Desde el Estado provincial la búsqueda la hacen los oficiales y agentes de la División Paradero de la Policía de Investigaciones (PDI) y las oficinas locales donde llegan las denuncias con el Ministerio Público, Fiscalía, y la Secretaría de Derechos Humanos.
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Desde el municipio, hace unos años atrás, se publicaban fotos de los desaparecidos y se exhibían en lugares públicos y en las líneas de colectivo fotos en las pantallas Led con datos sobre la persona buscada. Durante un largo tiempo no se realizó esa acción y con el caso Micaela Albornoz volvió esa práctica. Es más, Micaela ya apareció y aún puede verse su foto con la recompensa ofrecida en distintas líneas urbanas.
En la provincia de Santa fe y para el 2026 el presupuesto previó una inversión total en el área de seguridad de 1,66 billones de pesos, destinada a equipamiento policial, tecnología carcelaria, vehículos y obras de refuncionalización. De ese dinero una parte no especificada se destina a la División Paraderos de la PDI. Son diez agentes y una jefa.
En el caso de Roxana Páez integrantes de la brigada se encontraron varias veces con Karina, hermana de Roxana. Ella les planteó la posibilidad de usar perros para buscar el cuerpo de Roxana, pero le plantearon que por el momento no tenían los recursos judiciales necesarios. "Lo tiene que autorizar el fiscal", le dijeron. Mientras tanto, a Karina la llamaban de todos lados diciéndole que la habían visto al menos en dos o tres lugares al mismo tiempo, que la habían matado o que estaba fuera de Rosario. Nada de eso fue verdad.
La búsqueda familiar
Karina y su familia decidieron buscar por sí mismos a Roxana: "La gente de la PDI, de Paraderos, estuvo siempre con nosotros. Vinieron varias veces a mi casa y sé que la buscaron. Preguntaron por el barrio y fueron a lugares donde ella iba siempre, pero no la encontraron. Entonces decidimos nosotros dar vueltas por la ciudad, llevar carteles, pegarlos. Parar a los móviles policiales y darles los folletos. Los agentes de los patrulleros nos decían que les entreguemos las fotos así ellos estaban atentos. No sabían de la búsqueda, no tenían las fotos ni nada, lo hacían solamente de buena voluntad".
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Los días y sus noches pasaron, Roxana podía estar seceurstrada, podía estar fuera de Rosario, podía no estar más. "Pensamos lo peor pero seguimos buscando por todos lados,en Nuevo Alberdi, en la terminal de ómnibus, en las calles y nos parábamos cuando veíamos a alguien parecido. Hasta que un chico del barrio nos contactó".
Un amigo habló
El chico del barrio quie estuvo con Roxana cuando la detuvo la policía le contó a Karina que la habían llevado a la 22ª: ella los reclamos los había hecho en la subcomisaría 2°. "Ahí me decían que no sabían nada y en los móviles policiales a los que les dejaba la foto me decían que iban a fijarse cuando patrullaban. No estaban informados de la desaparición. Los únicos que buscaban era la Brigada de Paraderos de la PDI, ellos venían y nos mantenían al tanto, la verdad, gente muy buena", resumió.
Así Karina llegó a la 22ª y preguntó por su hermana. Le dijeron que había estado allí hacía un mes atrás y que la liberaron, que ella pidió que la devolvieran a Nuevo Alberdi, pero que ellos no estaban obligados. Así fue que Roxana comenzó a caminar, encontró a Nicolás (el hombre que la encontró cuando la liberaron) y fue a su casa: "Fui hasta la casa de Nicolás y cuando me atendió de la casa salió Roxana. Me dijo que no sabía volver, que caminó y caminó, que cirujeó y lo encontró a este chico. Y nosotros pensábamos que estaba muerta, que habían abusado de ella, que estaba enterrada en algún lado. Lo que no sé es por qué la policía o Fiscalía no se pasan los datos, así nosotros apenas fuimos a la primera comisaría nos habrían contado que pasó y la hubiésemos encontrada al toque. Por suerte apareció este chico y la pudimos encontrara nosotros, sino era imposible saber donde estaba".
En estos días Roxana camina por Nuevo Alberdi como lo hizo toda su vida. Su universo es esa zona de Ciudadela al 3500, allí la conocen, la cuidan y vive parte de su familia. En el mejor de los casos Roxana estuvo a punto de perderlo todo, de cambiar de vida, de estar en pareja con un casi desconocido. La policía la llevó pero no se hizo cargo. El barrio volvió a rescatarla.