La imagen de “El Eternauta” es nítida, incluso para quienes nunca leyeron la historieta Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López: Juan Salvo, protagonista de la historia, en su icónico traje y el rostro cubierto por la máscara de buceo. Para la esperada adaptación audiovisual de Netflix, que se estrena el próximo 30 de abril, los desafíos fueron muchos. Uno de los principales lo tomó Patricia Conta, la vestuarista, quien tuvo la tarea de reimaginar uno de los elementos más emblemáticos de la tira gráfica.
Meterse con un clásico siempre es tarea difícil. Para el enorme equipo que durante años trabajó en la serie de “El Eternauta”, una producción de dimensiones inéditas en Argentina, el reto fue enorme porque implicó intervenir sobre una obra instalada en el núcleo afectivo de varias generaciones, que crecieron junto a esa entrañable narrativa: la maravilla de la ciencia ficción llevada a la vuelta de la esquina, la épica del hombre común, y la noción, tan propia de la idiosincrasia nacional, del héroe colectivo.
“Crear una versión contemporánea fue una decisión muy meditada. Cuando Oesterheld publicó su obra, proponía un juego de contemporaneidad, una especie de mundo paralelo donde el lector pudiera sentirse en las calles de entonces, de esa misma época en que transcurría la historia. Nos pareció fundamental preservar esa idea: que la historia fuera emitida en la misma época en que sucedía. Retroceder en el tiempo no hubiese respetado el espíritu original. Además, nos iba a impedir que la ciudad fuera una presencia viva, algo que es parte fundamental de ‘El Eternauta’”, contó Bruno Stagnaro, director de la serie, y uno de los guionistas junto a Ariel Staltari.
“Lo que hicimos fue tratar de capturar el espíritu, las atmósferas, las estéticas y los lugares de ‘El Eternauta’ I y II, pero no necesariamente siguiendo la cronología planteada en el cómic. Creo que tiene mucha más incidencia en todo el arco de la serie el primer fascículo, independientemente de que hay cosas del segundo que estamos utilizando. La principal lealtad es hacia el corazón de la historia, haber sido honestos en las decisiones en relación a eso”, agregó.
La aclaración está hecha para los futuros espectadores: no hay que esperar de la serie un traslado literal de aquellas memorables viñetas. Como se puede observar en el tráiler lanzado el pasado lunes, son varias las modificaciones que introduce la adaptación audiovisual: a la sucesión de los hechos, a la distribución de los escenarios clave, al grupo de personajes centrales. La Capital tuvo acceso anticipado a los primeros episodios y confirmó, sin adelantar ningún punto clave, que “El Eternauta” de Stagnaro y Netflix construye un universo propio para acercar a la audiencia actual a la historia de supervivencia, que puedan sentir que podrían ser ellos cualquier día, sin perder de vista los pilares identitarios de la tira original.
Vale recordar que “El Eternauta” es una celebrada historieta argentina seriada de ciencia ficción creada por el guionista Héctor Germán Oesterheld (desaparecido por la última dictadura militar) y el dibujante Francisco Solano López, que fue publicada desde 1957 hasta 1959 en Hora Cero Semanal. Cuenta las andanzas de Juan Salvo, quien junto a su grupo de amigos encara una carrera por la supervivencia ante una repentina nevada mortal que cae una noche de verano en Buenos Aires. Poco a poco, se devela que la lucha es contra algo más grande de lo esperado: una amenaza alienígena controlada por una fuerza invisible.
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El dibujo original de 1957.
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El desafío de construir una nueva imagen de Juan Salvo
En la historieta, Salvo está en su casa con su familia (su mujer y su hija) y un grupo de tres amigos cuando se desata la catástrofe. Ante la comprobación de que el contacto con la nieve lleva a una muerte inmediata, Elena, la esposa de Juan, confecciona un traje aislante que le permitirá al protagonista (y eventualmente a los otros miembros del grupo) salir a explorar las calles porteñas del barrio de Vicente López en búsqueda de provisiones.
Patricia Conta es diseñadora de indumentaria y textil formada en la UBA, y tiene más de treinta años de trayectoria en cine, televisión y publicidad. A partir del 2023, se sumó a la producción de “El Eternauta” como vestuarista. A un mes del estreno, dialogó con La Capital para aportar detalles sobre la ardua tarea de reimaginar el icónico traje de Salvo.
“Al traer a Juan Salvo a lo contemporáneo, trajo un montón de desafíos no sólo en cuanto a materialidades y ropa. En el cómic, hay una mujer con una máquina de coser que arma un traje. Es una instancia que casi no existe hoy”, contó Patricia. El cambio de época introduce muchas modificaciones pero una central: todo ese universo material de objetos comunes y a los que tendrán que recurrir los personajes para sobrevivir es fundamentalmente otro a aquel de una casa argentina de los años cincuenta.
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Foto: cortesía Netflix
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“Nosotros nos planteamos la necesidad de que Juan Salvo debía armarse un traje, con la gente que estaba alrededor, que pudiera ser construído en base a cosas que ya estaban ahí, en esa casa. Hicimos el proceso inverso y pensamos en la casa y las personas que viven ahí. ¿Cuáles son los placares de estos personajes? ¿Qué tienen? ¿Converse, botas? ¿Qué hace él? ¿A qué se dedica? ¿Qué hace ella, a qué se dedica? Estuvimos un montón de tiempo debatiendo estas cosas, que después no se ven en la serie literalmente, pero a nosotros nos ayudaba a construir qué elementos habría en esa casa”, desarrolló Conta.
Otro cambio determinante que algunos podrán percibir rápidamente: a diferencia de la historieta, la serie no comienza en la casa de Juan sino en la de Alfredo Favalli, uno de los amigos principales.
“Eso hizo que el traje de Salvo se vaya construyendo por capas, como se va a ver en la obra. Es esta idea muy argentina de qué hago con lo que tengo para enfrentarme a este tremendo lío. Por otro lado, aparece muy fuerte la idea de que las cosas que ya están en desuso vuelven a tener una chance, como el gamulán de Favalli, como una de esas prendas que se conservan sin saber muy bien por qué”, apuntó Patricia. El Salvo de Darín, como se puede apreciar en las imágenes que desde hace tiempo circulan, tiene un robusto gamulán como pieza central de su traje de protección.
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Foto: Cortesía Netflix
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“A su vez, el gamulán, ese cuero con piel de cordero adentro, remite a los elementos con los que el hombre se vistió por primera vez, elementos que tienen una nobleza que fue olvidada a través del tiempo con la aparición de telas más tecnológicas. Pero protege del frío, no pasa la lluvia, o pasa mucho tiempo hasta que moja, no se rompe, se banca la fricción de muchas cosas. Todo eso fue haciendo que nos decidiéramos por esta prenda, que es la que construye la imagen de él”, agregó la vestuarista.
“La idea de la máscara se trabajó también a partir de la idea de qué tipos de máscaras podía haber en esa casa. Fuimos y vinimos con muchas ideas. Investigamos las máscaras de guerra, las industriales, las medicinales. Pero tratamos de ir siempre a lo real. Nuestra narración se construye a partir de elementos que te anclan siempre en lo real. La originalidad está en la combinación de esos elementos y cómo nos apropiamos de esos elementos”, compartió Patricia sobre otra pieza clave de la imagen de Salvo.
La épica colectiva
Si bien construir el traje de Juan era una parte fundamental del trabajo de Conta y los suyos, había mucho más que hacer. “Fue el proyecto más grande en el que estuve. Tenía un equipo de catorce personas fijas, y en las jornadas con muchos extras éramos 25, 27. A veces, en rodaje, llegaban camiones enteros sólo de vestuario con percheros y más percheros. Tiene una dimensión el proyecto que es el trabajo de mucha gente. La épica de la serie y del cómic se trasladó también al sentido del trabajo”, apuntó la vestuarista.
“Yo tenía dos talleres adentro de mi equipo. Uno de realización con un jefe de sastrería y una sastra que construían. El gamulán de Salvo lo tenemos siete veces y siempre lo tuvimos que hacer de cero. La piel de esos gamulanes las curtiembres ya no las hacen porque no se usan, entonces tuvimos que pedirla especialmente. Teníamos también un taller de avejentamiento, para que las prendas parecieran usadas. En muchos casos, teñir para que nos diera la colorimetría que queríamos en un personaje que iba a estar mayoritariamente frente al blanco de la nieve. Todos esos fueron desafíos que fuimos sorteando mientras transcurrían”, agregó.
“Una vez me preguntaron qué era ‘El Eternauta’ para mí. Yo estaba en rodaje y emocioné, y me vuelvo a acordar y me vuelvo a emocionar porque dije: es el lugar donde siempre quise estar. Es una obra tan épica, que construye tanto de nosotros, esa idea de héroe colectivo, de que se puede reconstruir dentro de la dificultad pero siempre colectivamente”, cerró Patricia.