Julieta Laso tiene una voz inolvidable, con una potencia, un color, una aspereza única, que la consagró como una de las intérpretes más destacadas de la escena de la música popular argentina. Además de estar varios años al frente de la Orquesta Típica Fernández Fierro, en la última década y media desarrolló una carrera solista de repertorio contundente. En septiembre pasado, lanzó “Fabriquera”, su sexto disco, realizado mano a mano con Daniel Melingo, fallecido en junio pasado. Tras una primera presentación en el Margarita Xirgu de Buenos Aires, la artista sale de gira y Rosario es su primera parada. La cita es el viernes 6 de noviembre, a las 20.30, en el Teatro Lavardén (Mendoza y Sarmiento).
“Fabriquera” es una obra muy especial, por muchos motivos. En principio, marca el regreso de Laso al tango después de “Pata de perra”, su anterior trabajo, producido por el chileno Macha Asenjo, en el que la cantante exploró el folklore latinoamericano. El nuevo álbum está formado por doce canciones compuestas por Melingo sobre poemas de autores como Julián Centeya, Carlos de la Púa, Dante Linyera, Evaristo Carriego, María Celeste Torre, y Federico García Lorca, además de una versión de “Con toda la mar detrás”, del español Patxi Andión.
Por otra parte, el disco tiene una calidad musical muy destacada, sorprendente aún siendo esperable, que surge del encuentro virtuoso entre dos grandes artistas como Laso y Melingo. También es la consumación de dos años y medio de trabajo artesanal conjunto, y de muchos más de un vínculo de admiración.
La anécdota dice que cuando Julieta escuchó por primera vez “Tangos bajos”, aquel emblemático álbum que Melingo lanzó en 1998, tenía apenas 16 años y quedó cautivada. Tiempo después, cuando empezó a cantar, tuvo claro que un sueño era compartir escenario “el maestro”, como lo nombra siempre. Ese anhelo se concretó una década después, cuando él la invitó a compartir una serie de shows que dio en el Café Berlín de Buenos Aires. Ahí nació una complicidad irrevocable y el deseo de crear algo juntos.
“Lo que más recuerdo es el momento en que el maestro me llamó para que lo acompañe en varios conciertos. Cantar con él fue como tocar el cielo con las manos para mí y estaba muy feliz porque había esperado eso muchos años. Era un sueño que tenía desde que empecé a cantar, y en seguida se generó una relación hermosa. No nos soltamos más la mano. Yo le comenté de mi amor total por su obra, por ‘Tangos bajos’ y todos esos discos, y ahí apareció la idea de hacer algo juntos”, cuenta Laso en diálogo con La Capital.
Un disco hecho "al óleo"
“El maestro era muy trabajador, muy de amar lo que hacía, así que trabajamos mucho, casi dos años y medio. Grabamos, escuchamos, volvimos a grabar, cambiamos sonoridades, fue un trabajo muy minucioso y sobre todo muy enfocado en la voz, en encontrar lugares distintos para cada canción. Eso nos llevó tiempo y por suerte pudimos tomarnos ese tiempo para hacerlo de la manera en que queríamos. El disco hace rato que estaba listo, así que pudimos cerrar todas las decisiones juntos”, sumó la artista. Esa creación “al óleo”, como recuerda Laso que Melingo describía su minucia, dio como resultado una obra imponente y singular, de esas que aparecen una vez cada tanto.
La voz de Julieta, que de por sí tiene una cualidad interpretativa muy poderosa, en “Fabriquera” está llevada a otros niveles, otras profundidades, al aparecer en distintas capas simultáneas y distintas tonalidades.
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“Es algo que no había hecho mucho. Fue un trabajo fuerte, porque no es que me salía naturalmente lo que está grabado. Ahora escucho el disco y no me reconozco en algunas canciones, lo cual me gusta mucho. Pero es lo decidimos y lo buscamos, no es que salía naturalmente, por eso que regrabamos tanto y por eso también estoy muy feliz con el resultado. Y claro, ahora es un desafío para el vivo. Por eso y por muchas cosas más, este disco es muy importante para mí”, relata Laso.
La reciente partida de Melingo hace que el proceso de presentación del álbum esté atravesado por el duelo, el homenaje, y el agradecimiento. Es que “Fabriquera” es también uno de los últimos eslabones del enorme legado artístico que dejó una figura inconmensurable en la música nacional. De manera muy apropiada, las composiciones del “maestro” invocan cierta oscuridad, cierta espesura orillera, reconoce la tristeza, la hostilidad del mundo, pero desde ahí conjura una luz, un brillo, un impulso hacia adelante.
“La verdad siento que sí tiene tristeza y oscuridad, pero para mí es un disco que va para adelante con fuerza. Siento que viene de una persona que está reconciliada con la vida. Sobre todo hay muchas canciones de María Celeste Torre que son muy luminosas”, apunta Julieta sobre las letras de quien fue la compañera de vida de Melingo.
En ese sentido, “Fabriquera” también abre un universo poético y literario no canónico (a excepción de Lorca) en el que cualquier espíritu curioso, como el de la propia cantante, no dudará en indagar.
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“Yo era fanática del disco, me sabía todas las canciones, sabía que los temas eran por ejemplo de Julián Centeya o de Carlos de la Púa pero no había leído sus libros, y son maravillosos. Los súper recontra recomiendo. ‘La crencha engrasada’ de Carlos de la Púa, o ‘La musa de barro’ de Centeya son librazos, y es verdad que son autores que para mucha gente son conocidos pero para mucha otra no”, comparte la artista.
El disco fue grabado con músicos que acompañaron al maestro durante los últimos veinte años, como Javier Casalla, Camilo Ferrero, Patricio Cotella, Agustín Della Croce y Muhammad Habibi Guerra. Esta misma tropa fue la encargada de acompañar la primera presentación en vivo de “Fabriquera”, que tuvo lugar hace exactamente una semana en el Teatro Margarita Xirgu.
Con puesta a cargo de Endi Ruiz y la cineasta María Alché (directora del video “Corazón y hueso”, y la participación de Cristina Banegas, el espectáculo retomó todo el universo estético que propone el disco, que incluye el arte visual de Alejandro Ros, las fotografías de Nora Lezano y el vestuario de Alberto Moccia. Un equipo soñado que no hace sino elevar la calidad del trabajo en todo sentido.
“Lo había hablado con el maestro Melingo. Él todo el tiempo me decía que hiciéramos puesta, y yo no soy muy de hacerlo, pero me animé. Fue muy emocionante. La verdad que lo hicimos con todo el amor. El teatro estaba colmado, más la emoción que representa para mí este disco. Estuvo muy hermoso pero también muy intenso. Los estrenos son cosa difícil, una tiene demasiados nervios, así que espero poder disfrutarlo un poco más en las próximas funciones”, rememora Julieta.
Para la gira, que empieza en Rosario, ese gran despliegue se transforma en una propuesta más sencilla pero no por eso menos potente. “Es imposible porque éramos como treinta personas. La idea siempre fue, y esto también lo hablamos con Melingo, moverme con la base instrumental más importante para el disco que es la guitarra y el contrabajo. Así iremos, más despojados, pero con muchas ganas. Es un camino que recién comienza y está todo muy vivo. La función de Rosario es la segunda que vamos a hacer. Obviamente cambia todo y por eso tengo muchísimas ganas de vivirlo y experimentar todo lo que va a pasar, porque una tampoco lo sabe. Venimos ensayando mucho y estamos muy felices con lo que se escucha”, cierra la cantante.